¿De verdad crees que hay solución para la economía de tu país_? ¿En realidad ves que es posible levantar de la bancarrota a una nación_? Sólo si crees que sí continúa leyendo…
El problema
Hace un par de días viajaba en un transporte público en uno de los países más pobres del mundo. A la par mía un hombre se quejaba con su compañero: “Está dura la situación… está jodido andar gastando demás… sólo me comí [de almuerzo] una tajada (platillo autóctono barato, a un costo de US$1.32).” Quejas como éstas son el pan de cada día en Latinoamérica. Y, económicamente hablando, la palabra común que casi todas las naciones del planeta utilizan en su vocabulario cotidiano es crisis.
Recientemente países como Holanda y Portugal se declararon en quiebra, Estados Unidos de América no tiene para pagar la jubilación de los retirados (entre tantas otras falencias en la gran nación), Latinoamérica nada en el espantoso mar del desempleo –junto con España y varios otros países en los demás continentes, ni hablar del penoso cono de África–; las grandes mayorías sufren en sus economías en el mundo entero. Así está nuestro mundo, hasta acá hemos llegado.
¿Pero qué ha pasado_? ¿Quién o quiénes son los responsables_? Quizá la respuesta te sorprenda…
El responsable
¿Notas que el título de este artículo no dice “la solución económica para tu país”_? ¿Te das cuenta de que no he dicho “la solución económica hacia tu país”_? Dije “la solución económica en tu país.” Porque tanto la responsabilidad como la solución no están fuera sino dentro. En vos. Sí, vos; no mires hacia los lados sino solo al espejo. Nadie más que vos. Vos y yo.
Atraemos lo que somos. Todos sabemos eso de la ley de atracción… pero tenemos una visión demasiado corta en cuanto a su alcance… no nos conviene que sea global… ¡quedamos mal si es así! La sociedad en que nos movemos es el reflejo de tu alma, de la mía; somos el promedio de las personas de nuestro entorno. Culpamos de la situación de nuestro país al "destino", a las circunstancias, a los políticos (sobre todo a éstos), a la vida... ¡y hasta tenemos el descaro de echarle la culpa a Dios! ¡Todo por justificar nuestra falta de interés y determinación para hacer que las cosas pasen!
En La rebelión de Atlas Ayn Rand dice al respecto:
Mira a tu alrededor: lo que le has hecho a la sociedad, lo has hecho primero dentro de tu alma; la una es la imagen de la otra. Esta lamentable ruina qué es ahora tu mundo, es la forma física de la traición que cometiste con tus valores, ... tu futuro, tu país y contigo mismo.
Los autores de Fabricantes de miseria: Políticos, curas, militares, empresarios, sindicatos. dicen:
Los políticos latinoamericanos no son más ni menos corruptos que las sociedades en las que actúan. Aquí no hay víctimas y victimarios, sino un triste sistema de complicidades en el que los méritos personales suelen tener menos calado que los enchufes y las palancas.
Tal vez dirás que vos no causaste los problemas económicos en tu país, incluso quizá cuando naciste ya la economía estaba yendo en picada… es posible que te pase como a mí, que nací en medio de un gobierno altamente corrupto y en donde los políticos han literalmente saqueado los tesoros del pueblo. ¿Es así_? Entiendo. Pero todavía no es excusa, es culpa tuya, mía, nuestra.
A la hora de buscar culpables siempre vemos hacia los lados y nunca somos los villanos; siempre salimos héroes, ¿cierto_? Yo asumí mi responsabilidad y ahora digo: ¡todas las desgracias en mi país –y en los tres países en que vivo– son mi culpa! Porque aunque no tengamos culpa por la corrupción con que otros han actuado (espero que no), sí la tenemos por lo que hemos dejado de hacer –arreglar las cosas. De manera que no podemos permanecer neutros, o somos parte del problema o somos parte de la solución: ¿En qué lado te ubicas_?
Ahora, no quiero dejar de felicitarte también por si acaso en tu país lograste una economía estable y donde nadie sufre desempleo y desgracia y donde todos viven prósperos (sin deudas, tranquilos) y felices. Si es el caso, ¡felicidades infinitas!
Minutos antes de la muerte de Mahatma Gandhi, se le preguntó si él iría a Pakistán (pueblo enemigo de la India, se peleaban porque ambos decían que “el otro” tiene la culpa de mis desgracias), a lo cual él respondió: “Simplemente voy a demostrar a los hindús de aquí y a los musulmanes de allá que los únicos demonios que existen son los que hormiguean en nuestros corazones, y que allí es donde deben librarse todas nuestras batallas.”
Los problemas no están fuera tuyo ni en los demás… están en vos. En mí. En nosotros. El Mahatma Gandhi tomó su responsabilidad… ¡él movió a 350 millones de cobardes a combatir al imperio más poderoso de la historia y lograr su independencia… y lo hicieron sin armas! William Wallace tomó su responsabilidad y logró la independencia de Escocia. El gran Nelson Mandela (una de las personas que más admiro), también lo hizo… no se quedó quejando por lo todo lo que le ocurría a él y al país… actuó. Elizabeth Keckly, una esclava negra que fue violada infinidad de veces por infinidad de hombres y que entre tantas violaciones se quedó con un hijo –por quien luchó toda su vida–, asumió su responsabilidad… ¡terminó en la casa blanca siendo la amiga íntima de la sra. Lincoln y fue parte esencial para la revolución que luego King Jr. y otros harían para acabar por completo con el racismo en los Estados Unidos de América! William Wilberforce también tomó su responsabilidad, miraba como injusta la trata de esclavos en la Inglaterra del siglo XIX… y luchó toda su vida hasta que logró la abolición de tal estupidez! Martin Luther King Jr. es reconocido hoy como un héroe por simplemente hacer lo que tenía que hacer. Y así podría nombrarte a centenas de personas comunes y corrientes que hoy son reconocidas como héroes nacionales por sus hazañas. Y, sin quitarles el mérito y la admiración que se merecen, repito: ellos sólo hicieron lo que tenían que hacer porque entendieron que tanto la responsabilidad como la solución no estaba fuera de ellos sino en sus propios corazones… y tomaron acción.
Si pudiéramos entrevistar al Maestro de Israel, al más grande hombre que la humanidad jamás vio, al Hijo del Hombre –y mi Señor–, y pudiéramos preguntarle acerca de este tema de la responsabilidad (de quién es la culpa), él diría con seguridad: “¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?” (Mateo 7:3, La Biblia).
Ahora, ¿cómo hicieron esos héroes para lograr grandes cambios en sus comunidades, países y continentes_? De eso hablaremos a continuación… pero no sigas leyendo si sigues culpando a otros por lo que pasa en tu país…
[continúa…]

